Estamos acostumbradas a hacer lo que queramos sin cuestionar mucho, sin pensar demasiado en el dinero, espontáneas, libres. Esto suele cambiar cuando nos mudamos a otro país, probablemente con un idioma que no dominamos, sin red de apoyo, nos sentimos totalmente desorientadas y perdidas. Acompáñame en este artículo, ve que no estás sola y ¡aprende a enfrentar la inseguridad y la dependencia en el extranjero!

No te voy a hablar de los estilos de apego en este blog, porque eso ya tiene una implicancia y un alcance que no puedo abordar en este artículo. Lo que te puedo decir, es que, al momento de mudarnos al extranjero, estamos en un estado muy vulnerable, de “alta exposición”, de estrés a la vuelta de la esquina. Muchísimo a lo que nos enfrentamos es nuevo, desconocido, incluso asusta. Y esto provoca un efecto psicológico: nos insegurizamos, generamos nuevos miedos y cosas tan simples como ir al doctor o incluso un corte de pelo pueden ser tareas que nos generan ansiedad y nos paralizan.

 

Mi Historia de Dependencia en el Extranjero

mujer expat preocupada y dependiente

Cuando yo llegué a Viena, a los 30 años, no tenía ni idea de lo que me esperaba. Si, soy una persona precavida y organizada, entonces había leído muchísimo, pregunté en grupos de redes sociales, moví mis propias redes generadas con los años de viajera.

Claro, me sentía preparadísima, y mis expectativas eran muy, muy altas. Hacia mí, hacia mi futuro esposo, hacia mi vida en Austria.

Y pam!, la realidad me pegó una cachetada bien fuerte.

El idioma alemán es muchísimo más difícil de lo que yo me esperaba.

No encontraba trabajo en lo mío porque necesitaba el alemán.

La “cultura de amistad” de Austria era algo distinta a la que yo estaba acostumbrada en Chile, me costaba mucho conocer gente.

Estaba llegando el invierno y con ello, un clima duro al que no estaba acostumbrada.

Me imagino que con esto te sientes identificada.

Bajo estas condiciones, comencé a exponerme menos y menos a este tipo de fracasos para mi ego. Salía menos, y, poco a poco, me atrevía menos.

Mi pareja comenzó a ser mi mundo. Mi vida y mi día se iluminaba cuando él llegaba, antes de eso, para mí era sólo “pasar el día”. Yo me adaptaba (voluntariamente) a su estilo de vida, a sus amigos, a su familia, a su ritmo.

Llegué al extremo de no atreverme a ir sola al doctor. Él tuvo que acompañarme a la ginecóloga, ¿te imaginas?

Además, el dinero de mis ahorros se acababa. Y antes muerta que dejar que mi pareja me pague un desodorante, que horror, trabajo desde muy joven y ¡no voy a permitir que un hombre me mantenga!

Todo esta cadena de pensamientos era mía. Mi pareja jamás tuvo un problema con ayudarme y el dinero no era tema para él. Pero para mí sí, para mi ganar mi propio dinero era un símbolo de independencia y de empoderamiento.

Mi autoestima estaba por el piso. Me sentía como una niña, “involucionando”. Yo, la reina independiente, que hacía lo que quería, cuando quería, sin preocuparme del dinero ni la organización.

Me tomó meses salir de mi cascarón y tomar las riendas de mi vida, volver a sentirme autovalente e independiente.
Aquí te cuento cómo. Sigue leyendo.

 

Tipos de Dependencia que podemos vivir siendo Expats

Yo he identificado 3 tipos de fenómenos de dependencia que se generan o exacerban al migrar.

1.- Afectiva/emocional.

Lo más probable es que nuestra pareja, queramos o no, se transforme en nuestro mundo. Esperamos que llegue a casa para contarle todo, y mucho de lo que hacemos o dejamos de hacer se basa en sus horarios y disponibilidad.
Esto tiene implicancias fuertes en la relación. Además de enfocar gran parte de nuestra atención en lo que hace/no hace nuestra pareja, le entregamos a ella la responsabilidad de nuestra felicidad/estabilidad emocional.
Esto supone un estrés y presión a nuestra contraparte, que se siente, además de culpable por no poder hacer nada más para ayudarnos, responsable de “hacernos sentir bien”. Ya ves como esta dinámica, tarde o temprano, traerá conflictos.

pareja expat dependiente

2.- Social.

Cuando llegamos, probablemente los primeros conocidos que tendremos será su círculo. Nuestra vida social en general girará en torno a nuestra pareja, sus amigos y familia.
Esto es una ventaja en relación a afrontar la soledad y obtener información, acompañamiento o simplemente, distracción.
Sin embargo, esta puede llegar a ser una extensión de la dependencia afectiva. Al estar en conexión con el círculo de nuestra pareja, quizás no tendremos la misma libertad para expresar lo que queremos.
Además, tener nuestros “propios” amigos nos ayuda muchísimo a cultivar nuestra independencia.

3.- Económica.

Esta es difícil, sobre todo porque tiene un componente emocional muy potente, que incluye la vergüenza y la frustración. Probablemente estamos en un punto de nuestra vida en que ya somos independientes económicamente, compramos cosas a nuestro gusto y no lo pensamos demasiado, invertimos en nosotras, etc.
Y esto no tiene que ver con que nos falte dinero. Seguramente nuestra pareja está muy dispuesta a financiar mucho de lo que necesitamos/queramos. El problema es que puede generar un conflicto en nuestra autoestima y un juego de poder del que es difícil salirse.

Quiero decirte que:

– No estás sola, es completamente normal sentirse así, y la gran mayoría de expats hemos pasado por eso.

– Es algo que se puede manejar y superar, más rápido aún si hablas de ello y buscas ayuda.

– Aceptar tu nueva identidad y la decisión que tomaste al momento de mudarte, es el primer paso a sentir esa independencia y libertad que tanto añoras.

 

¿Y cómo enfrentamos la Dependencia Expat?

mujer expat independiente y segura

1.- Hablar abiertamente con tu pareja.

Este es el paso más importante. Se honesta y abierta acerca de cómo te sientes. Recuerda si, que lo que sientes es tuyo, no de tu pareja. Entonces, cuando hables con él/ella, hazlo desde ti. Desde lo que observas, deseas, necesitas.
En esta etapa de tu vida expat, la honestidad, apertura y sinceridad con tu pareja serán la clave para que comiences tu camino hacia tu seguridad en ti misma, reforzar tu autoestima y confiar en tus capacidades.

2.- Establece metas diarias de exposición.

Salir del cascarón puede ser algo emocionalmente estresante y cansador. Por lo mismo, no tiene que ser de una sola vez. Establece pequeñas metas diarias con respecto a lo que te va a llevar a sentirte independiente. Ejemplo:
Si necesitas hacer algo como ir a la peluquería, comprar algo o simplemente pasear sin estar constantemente pensando en no perderte… prepárate. Escribe las palabras clave en el nuevo idioma, ensáyalas y si se te olvidan, entrégale a esa persona el papel con lo que necesitas.
Poco a poco, pero consistentemente. No lo intentes todo de una vez, que eso provoca una frustración que, en un estado vulnerable, puede ser aún más contraproducente.

3.- Redes, redes, redes.

redes expat social

Esta es la fórmula mágica para sacarnos de la dependencia expat: conocer gente. Establecemos redes de apoyo tanto en lo emocional, como en lo laboral y en lo social. ¡No menosprecies el poder del networking! Yo encontré el trabajo de mis sueños en Viena gracias a eso.

Te doy algunas ideas:

a) contacta gente a través de redes sociales que vivan cerca de tu área. Hay páginas como MeetUp o grupos de Facebook que te ayudarán con eso.

b) busca un “tándem” (intercambio de lenguajes), así matas dos pájaros de un tiro: conoces potenciales amistades y ganas seguridad con el idioma que estás aprendiendo.

c) ponte en contacto con alguna ONG que pueda necesitar tu ayuda. O viceversa, quizás tú necesitas ayuda de ellos.

4.- Busca la ayuda de alguien que haya pasado por lo mismo.

Es importante que sigas personas que han migrado, como tú, y que ya han recorrido un camino más largo que el tuyo, que te pueden servir como una guía (¡ojo, no compararse!, sólo como orientación) y puedan contestar tus dudas. Y de más está decirlo, siempre te recomiendo hablar con una profesional de la salud mental que te pueda acompañar en este proceso.

 

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Estoy contigo,
Gabriela