Cuando estaba visitando Chile a principios de este año; después de “cuándo vas a volver”, la segunda pregunta que me hicieron fue: ¿por qué no puedes volver?

Por qué. ¿Por qué no puedo volver? ¿No puedo?

A muchos de mis clientes les encantaría volver, pero no pueden ahora mismo (hijos, trabajo, pareja, etc.) y les cuesta mucho trabajo soportarlo. Yo, podría volver mañana si quiero. Incluso mi pareja me dice “si quieres volver a Chile, podemos hacerlo. Iré contigo a donde quieras ir”.

Tengo amigos que adoro, mi madre no se está haciendo más joven, me estoy perdiendo momentos importantes en la vida de mis sobrinos. Podría trabajar allí (porque trabajo 100% en línea) y tendría un lugar donde quedarme hasta que encontremos un lugar para nosotros.

Así que la verdadera pregunta es, ¿por qué no vuelvo?

Porque no estoy preparada. Dejé Chile no sólo por mi marido, sino que también porque quería hacerlo. No recuerdo haber experimentado en mi país de origen este sentido de pertenencia que muchos de mis clientes describen. Mi forma de ver la vida era tan diferente de la media que me consideraban una rebelde.
Cuando me mudé a Europa, eso cambió. Descubrí que el sentido de pertenencia que siempre había anhelado estaba dentro de mí. El “siéntase en casa, dondequiera que estés” que lees en mi sitio web es algo que se puede lograr y lo sé porque es verdad para mí y mis clientes. Así que no necesito volver a mi país de origen para sentir eso.

No quiero renunciar a la vida que he construido con mi marido aquí en España. Le eché un vistazo a cómo puede ser la repatriación en Chile, y no me gustó.

Mi breve Repatriación

Tenía 30 años y fue después de un año viajando por Europa, sola. Renuncié a mi trabajo; el 90% de la gente me decía que era irresponsable dejar toda mi vida (seguridad financiera, una carrera impresionante, una vida social muy activa) para seguir un sueño tonto.

Siendo como soy, lo hice de todas formas. Aprendí más sobre mí y mi lugar en el mundo estos 12 meses que en los últimos 10 años de mi vida en ese momento.
Por miedo (a comprometerme con mi amor austriaco, a perder mi carrera, mi dinero, mi estatus social) decidí volver a Chile. Una semana antes de mi vuelo me puse en contacto con mi antigua jefa preguntando si podía volver a la empresa, el mismo puesto. Ella estaba tan emocionada que me ofreció un puesto y un salario más alto.

Nada podría salir mal, ¿verdad? Volver al trabajo que odiaba, pero que era algo que conocía, era muy buena en ello y el dinero era increíble. “Por lo menos tienes un trabajo” (una frase que hoy rechazo por completo, pero que en ese momento tenía sentido).

Gabriela Oficina Repatriación
Esta foto fue tomada en mi oficina, la misma oficina que tenía cuando me fui la primera vez. Aquí estaba, un mejor trabajo, los mismos amigos, la misma vida. Pero me sentía completamente fuera de lugar. Otra vez. Como antes de mi año sabático, pero peor.

Por suerte para mí, tenía la “excusa” perfecta para irme de nuevo: mi pareja. Una vez que nos dimos cuenta de que TENÍAMOS que estar juntos (¡¡nos llevó casi un año descubrirlo!!) y que yo quería ser la que se mudaba, este sentimiento de no pertenencia comenzó a desvanecerse.

Cuando le di la noticia a mi familia, amigos y colegas (incluyendo a mi sobreprotectora jefa) NINGUNO de ellos se sorprendió. Algunos estaban tristes, otros emocionados por mí, pero todos lo sabían. ¡Lo supieron antes que yo!

Funcionó al final, aún así, ese año fue muy difícil para mí. Ojalá hubiera sabido que existía algo llamado repatriación. Que me hubiese venido muy bien algo de ayuda para afrontarlo.

Repatriación, ¿ahora qué?

Lo que pasó cuando volví a Chile: Después de 2 meses, quise irme de nuevo.
En parte, porque no estaba preparada para todo lo que pasó con la relocación. La Gabriela que regresó no era la misma. El país cambió. Mis amigos y mi familia cambiaron.

Pero sobre todo, no quería volver. Lo hice de todos modos porque estaba aterrorizada (dinero, trabajo, inseguridad, problemas de visado, etc.). Aunque estaba extremadamente feliz de ver a mis seres queridos de nuevo; también me despedí del amor de mi vida y del sentimiento de libertad que nunca sentí en Chile.

¿Estás listo para tu repatriación? Pregúntate esto:

Estas 3 preguntas te ayudarán a aclarar tus ideas sobre la repatriación. ¡Sé honesto contigo mismo cuando las respondas!

1.- ¿Quieres hacerlo?

¿Estás dando este paso porque quieres regresar o es el resultado de la presión de tu familia y/o amigos? ¿Crees que es hora de volver? ¿Asumes que serías más feliz si volvieras a tu país de origen?

2.- ¿Esta decisión sólo te afecta a tí?

¿Estás solo en el extranjero? ¿Te mudaste por el amor de tu vida? ¿Tienes hijos? ¿Luchaste mucho para obtener el trabajo que tienes y amas actualmente?
Es esencial involucrar a todas las partes en tu decisión. No quiero decir que tengas que depender de otros, pero mira cuánto te importa su opinión. Y por supuesto, en caso de que tengas una familia, si están dispuestos y cuánto se verían afectados por tu repatriación.

3.- ¿Estás preparado?

¿Te mudas solo o con tu familia? ¿Tu pareja va a encontrar un trabajo allí? ¿Dónde vas a vivir? ¿La escuela para los niños? ¿Tu vida social?
Trata de organizar todo lo que puedas antes de tomar el vuelo de regreso.

La repatriación no es fácil, cuanto más claridad tengas cuando tomes la decisión, más fuerte te sentirás para lo que viene. ¡Prepárate para volver a casa!
Cuando tengas la respuesta a estas tres preguntas, ¡sabrás cómo seguir adelante!

Vuelves con una maleta llena de emociones encontradas. Mis sesiones te ayudarán a reconectarte con tu identidad regresando a casa, lee más AQUÍ

Sé por lo que estás pasando. Envíame un mensaje, conversemos.

¿Quieres tu consulta Gratuita de 30 Minutos? Resérvala ahora

¡Mira los testimonios de clientes viviendo la vida internacional que ellos quieren!

Estoy contigo,

Gabriela